Qué es La Alquimia
La alquimia es una muy antigua disciplina filosófica y espiritual
La
alquimia es una muy antigua disciplina filosófica y espiritual que dio origen a
la química actual, aunque también comprende aspectos esenciales de la
metalurgia, la física, la medicina, la psicología, la astrología, la semiótica,
el misticismo y el arte.
Fue practicada en Mesopotamia, el Antiguo Egipto, Persia, la India y China, en
la Antigua Grecia y el Imperio romano, en el Imperio islámico y posteriormente
en Europa, principalmente en una compleja red de escuelas iniciáticas y sistemas
filosóficos que abarca varios milenios.
Muchas de las sustancias, herramientas y procesos descritos en la antigua
alquimia han servido como pilares fundamentales de las modernas industrias
química y metalúrgica, aunque varias de sus teorías y descubrimientos contribuyeron
también a la medicina, la psicología, la psiquiatría, el arte y las
ciencias en general.
Aunque el verdadero simbolismo y el velado accionar de la alquimia es
muy desconocido para la mayoría, es sabido en la cultura popular que entre los
principales procesos alquímicos se encuentra la búsqueda de la transformación
del plomo (u otros elementos) en oro, así como también la obtención de la piedra
filosofal, con la que se lograría tal habilidad, además de la obtención de la
vida eterna.
Estudiando el plano espiritual de la alquimia -es decir, la alquimia propiamente dicha-
se comprende que los alquimistas debían trabajar hondamente en la transmutación su propia alma
-de sus defectos en virtudes- antes de lograr el cambio en los metales; la
evidencia externa del éxito interno. Debían purificarse y prepararse mediante
misteriosos procesos de trabajo interior y profundo autoconocimiento.
Paracelso define la alquimia como la capacidad de controlar, depurar y
transformar la naturaleza por la fuerza de viva del espíritu. Un tratado
alquímico antiguo contiene la siguiente advertencia: “Que nadie se dedique a
estudiar la Alquimia hasta que, habiendo limpiado y purificado su corazón, sea
vaciado de todas las cosas impuras. Que sea caritativo, y que disfrute de
tranquilidad constante, así su mente sea elevada. Porque, a menos que se
encienda con el rayo de la luz divina, difícilmente será capaz de penetrar en
los misterios de la naturaleza.” (Cánones de Espagnet)
La purificación de la
mente y el corazón es el primer paso. El autoconocimiento es el segundo. El
alquimista Geber, escribiendo en el siglo VIII, dice: “El que no conoce los
principios naturales en sí mismo está muy alejado de la Ciencia Sagrada.” En
este gran trabajo alquímico, Centrum Naturae Concentratum, se indica que la
mayor sabiduría posible para el hombre es autoconocimiento.
El estudiante de la
alquimia, Alipili dice: debe aplicar el arte de la transmutación a sí mismo, y
“entonces él puede ir hacia la prosperidad y buscar con buen éxito los misterios
de todas las cosas naturales.”
Sendivogius el Alquimista de Moravia habló de la
estima que todos los hombres sentían hacia la ciencia de la alquimia “que, si
sabes cómo conocerte a ti mismo, puedes fácilmente comprender.”
El tema del arte de la alquimia es el hombre mismo, su objetivo la regeneración
y última perfección de éste, adquirida a través de autoconocimiento y el
reconocimiento de la unidad del hombre con la totalidad de la naturaleza. Los
alquimistas medievales presentaron estas ideas al mundo en forma de símbolos.
Cuando hablaban de los cuatro elementos estaban realmente describiendo los
cuatro planos del ser: físico, psíquico, mental y espiritual. Cuando hablaban de
la transmutación se referían al proceso por el cual la naturaleza inferior del
hombre puede ser transmutada en el oro puro de la Trinidad Superior. Su
“Alkahest” era el Yo Superior, su Piedra Filosofal fue “Atma-Buddhi-Manas”, “un
trino, o la Trinidad en la naturaleza”, como Philalethes expresa. (El Alkahest
es el disolvente universal de la alquimia. Un concepto de la segunda mitad del
siglo XVII. La palabra, inventada por Paracelso derivada del árabe “alkali”, es
retomada por Jan Baptista van Helmont. El Alkahest es un elemento que disuelve
todos los metales, y por el cual todos los cuerpos terrestres pueden ser
reducidos a su ser primitivo, o materia original (Éter), de que están formados.
Es una potencia que obra en las formas astrales (o almas) de todas las cosas,
capaz de cambiar la polaridad de sus moléculas, y por consiguiente,
disolverlas.)
El término "Alquimia"
Algunas versiones del origen del término:
“Al-khem”: del egipcio antiguo
transmitido a través del árabe, desde los jeroglíficos egipcios.
“Km.t”: que
forma el nombre “Kemet” de Egipto, cuyo significado es “tierra negra”. Así, una
derivación de la palabra alquimia puede interpretarse como el “arte egipcio”, o
el “arte de la tierra negra”.
“Chemeia”: palabra griega que se encuentra en
los escritos de Diocleciano: el arte de la fabricación de lingotes de metal.
“Chumeia”:
palabra griega: el arte de extraer jugos o infusiones de plantas, y por lo tanto
también medicinas de hierbas y tinturas. Del término “chumos” cuyo significado
es “jugo”.
“Al-Chemi”: una combinación de los términos “Al” o “El”, del
hebreo, uno de los nombres Divinos que se traduce como “sol poderoso”; y “chemi”
cuyo significado es “fuego”.
Alquimia y química moderna
La ciencia de la alquimia puede ser estudiada bajo tres aspectos, el más bajo de
los cuales es el físico. A partir de este aspecto inferior de la alquimia ha
surgido la ciencia moderna de la química. La diferencia entre la química moderna
y la alquimia fue contestada en 1910 por un químico Inglés prominente: H.
Stanley Redgrove: “Si se me pidiera contrastar la alquimia con la química y la
ciencia física del siglo XIX, yo diría que mientras que la segunda abunda en una
riqueza de detalles mucho más precisos y verdad relativa, carece de profundidad
filosófica y comprensión; mientras que la alquimia se caracterizó por un mayor
grado de profundidad filosófica e introspección, para captar la verdad
fundamental del Cosmos.” (Alquimia, antigua y moderna)
“Todo es una expresión
del principio de la vida en una forma material. La vida es la cosa real, la
forma externa no es más que la casa en que reside.” (Paracelso: De Pestilate)
Los elementos fundamentales
Paracelso declaró que el hombre y el universo se componen de “tres substancias”:
sal, azufre y mercurio. La sal se refiere a la forma física. El azufre
simboliza el principio interior, energizante. El mercurio representa la
esencia espiritual por encima de los otros dos.
Transmutar el Plomo en Oro
El plomo, cuyo símbolo es Pb (del latín Plumbum), es un metal pesado de densidad
relativa, de color azuloso, que se empaña para adquirir un color gris mate. Es
flexible, inelástico y se funde con facilidad a 327,4 °C. El oro, cuyo símbolo
es Au (del latín Aurum) es un metal de transición blando, brillante, amarillo,
pesado, maleable y dúctil. El oro no reacciona con la mayoría de los productos
químicos, pero es sensible al cloro y al agua regia. El agua regia (del latín Aqua regia: Agua real) es una solución altamente corrosiva formada por la mezcla
de ácido nítrico y ácido clorhídrico. Es uno de los pocos reactivos capaces de
disolver el oro, el platino y el resto de los metales. El ácido clorhídrico fue
descubierto alrededor del año 800 por el alquimista Persa Jabir Ibn Hayyan (Gaber),
por la mezcla de la sal común con vitriolo (ácido sulfúrico).
Algunos breves conceptos y misterios del Arte
El tiempo provoca cambios en la naturaleza. Mediante la alquimia, el hombre es
capaz de producir esos cambios en forma consciente, y acelerar el proceso del
tiempo.
Al procurar la “perfección de los metales” se busca la propia
perfección. El cambio de defectos en virtudes, debilidades en fortalezas.
El
oro alquímico es el símbolo de la inmortalidad, la perfección de la materia.
La muerte representa lo amorfo, la reintegración del caos, la vuelta a la
materia prima, el retorno a las formas que -ya disueltas- podrán permitir la
transmutación.
Hay un paralelismo entre Cristo y la Piedra Filosofal.
La
obtención de la Piedra Filosofal equivale al conocimiento perfecto de Dios.
“Alquimistas son hombres santos que por la virtud de su espíritu deificado han
gozado los primeros frutos de la Resurrección en esta vida misma y han captado
un primer sabor del Reino Celeste.” Oswald Croll
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